¿Quién serías en la Primera Guerra Mundial?

En Libros de la Ballena también hay espacio para la diversión mientras hacemos lo que más nos gusta, por eso os proponemos que os introduzcáis con nosotros en la Primera Guerra Mundial e intentéis averiguar qué contestaría Valle Inclán a las distintas preguntas de este test.

¿Conseguirás ser Valle Inclán? ¿O tendrás que conformarte con ser identificado como un soldado francés o alemán?

Descúbrelo en el siguiente enlace. ¡Suerte!

¿Quién serías en la Primera Guerra Mundial?

Un recorrido triste por las huellas de Valle-Inclán en su ciudad natal

¡Parece ser que nuestro autor está en boca de todos! La sección cultural de El País ha publicado un artículo en el que se describe el estado lamentable en el que se encuentran los carteles y demás elementos de la ruta valleinclaniana en Vilanova de Arousa (Pontevedra), localidad natal de Valle-Inclán. Se trata de una ruta patrocinada por el Ayuntamiento y la Xunta para dar a conocer la figura del autor, pero que, según denuncia Javier del Valle-Inclán (nieto del autor), no se le ha prestado la suficiente atención.

Parece ser que La Consellería de Cultura está preparando carteles nuevos para que la ruta recobre su atractivo, de cara a la gran cantidad de turistas que se espera recibir este verano. ¡Esperemos que sea así y que a nuestro escritor favorito se le trate como la maravillosa leyenda que tanto le costó crear su pluma!

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La calle del Viejo Idiota

Aunque la relación entre Ramón María del Valle-Inclán y José Echegaray y Eizaguirre era tirante, se podría decir que  durante un tiempo fueron amigos. Se movían por los mismos círculos y solían coincidir en tertulias y cafés, pero esto no les ayudó a forjar la amistad.Valle

Valle-Inclán participaba habitualmente en certámenes literarios con el fin de ganar algo de dinero. En dos de ellos coincidió que Echegaray formaba parte del jurado y que en ninguna de esas dos ocasiones ganó el primer premio: en el convocado por el periódico El Liberal, en 1900, se presentó con Satanás y obtuvo el segundo premio; en el otro concurso ni se estimó su propuesta. Se dice que la opinión del madrileño fue decisiva para el fracaso de Valle-Inclán, y así él también lo creía, e inevitablemente brotó la enemistad.

A partir de entonces surgieron varias disputas que, aún hoy, recordamos; como cuando insinuó durante una tertulia que uno de los hijos de su enemigo era bastardo o como cuando le apodó «viejo idiota» y el insulto se hizo tan popular que cuando enviaba cartas a un amigo que vivía en la Calle de José Echegaray, las enviaba a la Calle del Viejo Idiota y llegaban sin ningún problema.

El Valle-Inclán de las marionetas

El escritor y crítico literario Andrés Ibáñez publica en el Abc Cultural un artículo en el que habla sobre la atmósfera misteriosa que rodea a Valle-Inclán y dedica un espacio a la obra de La media noche. A continuación, te presentamos algunos fragmentos del artículo.

Valle-Inclán es un personaje algo estrafalario, y no me refiero a sus célebres barbas, a su bohemia, a la terrible historia de su brazo amputado, sino sobre todo a sus ideas y sus visiones políticas y estéticas. Nos parece habitar siempre un territorio salvaje que son en realidad varios territorios salvajes: la Galicia ancestral de las leyendas, la España carlista de las recias tradiciones y el odio rabioso a la modernidad, la España moderna del esperpento, el esplendor de América, la herida de la Gran Guerra y de la Revolución Rusa, la necesidad de crear un teatro nuevo y una novela nueva. En realidad, Valle logra convertirlo todo en territorio salvaje, tanto lo antiguo, por rural y legendario, como lo moderno, por desfigurado y deshumanizado. Distintas variaciones de lo salvaje expuestas en un lenguaje que abarca todas las posibilidades de la lengua, del romanticismo más apasionado al habla más castiza.

Lo menos leído

También lo salvaje llena ese esteticismo estéril de los relatos románticos reunidos en las primeras colecciones («Femeninas», «Epitalamio»…), camafeos preciosos y artificiales que son la parte menos leída de Valle, junto a esa obra tan extraña que es «La cara de Dios», su novela más larga y menos representativa, que cuenta una larguísima historia de celos y de honras en peligro en el Madrid de Arniches, y sobre la que Valle nunca quiso volver. Esto cierra el primer volumen, que deseamos tener porque deseamos tenerlo todo, todo Valle, del mismo modo que deseamos tener toda la «Biblia» y no sólo los libros que nos gustan.

En medio de tantas maravillas y de tanto esplendor, me gustaría reflexionar sobre varios puntos, para no perdernos: «La lámpara maravillosa», «Los cruzados de la causa», «La media noche», el esperpento.

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Todas las perspectivas

El prólogo de «La media noche» es el primer gran manifiesto de la novela moderna española. Desearía Valle, nos dice, contar lo que sucede en un solo día de la guerra en Francia, pero desde todas las perspectivas posibles, libre «de la humana y geométrica limitación», la que nos impone durante toda nuestra vida un único punto de vista, parcial y subjetivo. Un deseo de ver la realidad como la vería un dios que estuviera en todas partes al mismo tiempo; un deseo, una necesidad, de representar el mundo en toda su fabulosa complejidad: el verdadero deseo del novelista moderno. Es ese mismo deseo de «representación de la simultaneidad» que Hauser veía en Joyce.

Queda el tema más importante de todos. Lo que representa Valle-Inclán hoy en día, y el efecto que su prosa efectista y fulgurante ha tenido en nuestras letras. Porque creo que hay un problema en Valle, el mismo problema que tenía Quevedo, y que Azorín explicó muy bien en «Al margen de los clásicos». Una pobreza de alma, una incapacidad para sentir el dolor ajeno. En Valle no es exactamente así: es, más bien, una obsesión por ver a los demás como monstruos o marionetas. Es el pelele de Goya, o sus brujas, más que los serenos retratos del período medio, lo que gusta a Valle. Y lo verdaderamente trágico, quizá demoledor, es la lectura que hace del «Quijote».

Toda la Historia de la novela europea es un diálogo con Cervantes, y el arte de un novelista depende de la forma en que lee el «Quijote». En una entrevisa para «El Heraldo de México» de 1921, afirma Valle: «Don Quijote no reacciona nunca como un hombre, sino como un muñeco; por eso provoca la hilaridad de los demás, aun cuando él esté en momentos de pena». Es esta mala lectura de Cervantes, la lectura barroca (no muy diferente de la que haría Galdós, por cierto), la que pone una limitación al arte exquisito y deslumbrante de Valle.

Fragmentos tomados de: Andrés Ibáñez, “El Valle-Inclán de las marionetas”, Abc (2017). Si quieres leer el artículo completo, da click aquí.

Entrevista a Eva Díaz Pérez

Os traemos una entrevista a la periodista y novelista Eva Díaz Pérez, quien se encarga de la realización del prólogo de nuestra edición de Un día de guerra (visión estelar).

Eva ha estudiado obra de Valle sobre la Primera Guerra Mundial y escrito artículos sobre ella, así como novelas que ahondan en ese mismo momento histórico, el de la gran batalla que asoló Europa y que sirve de escenario para Un día de guerra. Conoce en profundidad su estilo, sus grandes capacidades, su maestría para plasmar en el papel un horror que sólo algunas personas llegan a experimentar. He aquí sus opiniones, gustos y experiencias con respecto a Valle, a su extensa obra y y la forma en que marca a las generaciones actuales.

 

¿Qué te llevó a estudiar a Valle-Inclán?

Me fascina su audacia narrativa, la calidad de página de toda su obra, la sensorialidad de su literatura. Cuando se lee a Valle-Inclán se pasea por un paisaje hermoso y desasosegante. La sugestión sensorial de su escritura es otra virtud fascinante: se pueden tocar las palabras, porque tienen relieve como de terciopelo o de telas bastas, las cosas huelen, suenan objetos imperceptibles. Es lo que demostró en las sugerentes acotaciones de su teatro, casi imposibles de reproducir en el escenario, pero creadoras de atmósferas literarias insuperables.

¿Necesitaste mucha tarea de investigación para la redacción del prólogo de Un día de guerra (visión estelar)?

Sí, hay un trabajo detrás de años sobre la Primera Guerra Mundial, el papel del periodismo y de la literatura en la época, además del propio Valle-Inclán en esta versión de cronista. La Gran Guerra es un tema que me apasiona desde hace tiempo. De hecho, le dediqué una novela, El sonámbulo de Verdún. Además, por el hecho de que fue un conflicto en el que España no participó -al menos como potencia implicada- ha hecho que sea un asunto ajeno a las curiosidades del lector español y tampoco hay muchos estudios de investigadores españoles sobre el tema. Y todo eso a pesar de que es fundamental para comprender el siglo XX y muchos de los episodios que aún siguen ocurriendo.

¿Qué opinas de la representación de la guerra que hace Valle, con su tono tan personal y distinguible?

Me parece un impresionante ejercicio de periodismo moderno. Todo este esnobismo actual sobre la narrativa periodística que algunos creen haber descubierto lo encontramos ya a comienzos del siglo XX en los escritores y periodistas españoles. Nada que ver tampoco con el Nuevo Periodismo Norteamericano, que ya se sabe cómo venden los anglosajones sus conquistas y ‘descubrimientos’. Las crónicas de Gaziel, Domínguez Rodiño, Carmen de Burgos y más tarde Chaves Nogales superan en calidad y modernidad a mucho de lo que se ha vendido como fundacional y pionero. Y Valle-Inclán además le da otra vuelta de tuerca, porque consigue que esa literatura nutrida de realidad, realidad que huele y que sangra, que apesta y que duele, trascienda su momento. Sus crónicas no mueren en su presente, como el periodismo de usar y tirar, sino que se elevan por encima de su época. Es un ejemplo de ese periodismo que nos sirve para entender un tiempo pasado.

¿Cuál opinas que es la faceta más representativa de Valle? ¿Es la que más te llama la atención?

Sin duda su capacidad literaria para describir el horror. Han sido muchos los escritores que narraron la Gran Guerra, desde Celine a Gabriel Chevallier pasando por Remarque, Jünger o Barbusse, pero en Valle-Inclán hay una negrura especial. Su literatura parece un cuadro expresionista, esa pesadilla que nutrirá la vanguardia más salvaje. Parece que con sus metáforas mojara la pluma en los charcos inmundos de las trincheras. No, desde luego, no deja indiferente su lectura. Es una implicación ética, emocional y estética muy fuerte. Y esa capacidad expresionista, excesiva y estremecedora para narrar lo cruel, el horror, lo desasosegante está en el resto de su literatura.

¿Qué le preguntarías a Valle si pudieras mantener una conversación con él? ¿Hay algo que quisieras decirle?

Si soñó por las noches con esta guerra. Si en alguna ocasión a lo largo de su vida, se le aparecieron aquellos personajes con los que habló. Es estremecedor pensar que si Valle- Inclán hubiera vivido un poco más habría tenido experiencias similares con nuestra Guerra Civil. También me gustaría preguntarle cómo se enfrentó a esa pesadilla para convertirla en materia literaria, porque él escribe ya lejos, desde su retiro de Cambados, repasando las anotaciones de su cuaderno de guerra.

¿Cuál es tu aspecto favorito de Un día de guerra (visión estelar)?

El tono de narración moderna con el que se enfrenta a la que fue la primera guerra moderna. Si este conflicto fue el primero en el que se estrena la modernidad del armamento, que sufriremos a lo largo del siglo -gases químicos, la ametralladora, el tanque-, Valle-Inclán lo cuenta con un pulso y un ritmo propios de una época vertiginosa. En sus textos intuimos el lenguaje narrativo del cine y del documental.

¿Querrías resaltar alguna escena del libro? Una que te llame especialmente la atención o que sea tu favorita por alguna razón.

Es difícil porque hay muchos pasajes sorprendentes. En la segunda parte de En la luz del día escribe un texto dramático sobre una iglesia bombardeada cerca de Reims donde aparecen las acotaciones del mejor Valle-Inclán, con pinceladas impresionistas y una recreación estremecedora de un mundo en guerra.

El partido de fútbol más humano de la historia

La guerra, ese ser que deshumaniza al humano, convirtiéndolo en un arma de matar…o eso es lo que piensan algunos sobre este fenómeno que en el siglo XX machacó el alma y la vida de millones de personas. Al contrario de lo que a veces se cree, la guerra también es capaz de sacar a relucir lo mejor de nosotros, y a veces, para amenizar las cruentas muertes en las trincheras y en los campos de batalla, sucedían cosas que convertían ese terreno hastío y embarrado en el nuevo hogar de mil soldados.

El acontecimiento más importante y conmovedor tuvo lugar durante la navidad de 1914. Todo empezó con los soldados alemanes decorando sus trincheras, en un intento de no olvidar por un día o dos el espíritu navideño y todo lo que este representa. Desde las trincheras británicas se podía escuchar el rumor de una autentica familia de amigos entonando Stille Nacht, al que respondieron con más villancicos en lengua inglesa.  La navidad es tiempo de paz, y ese día alemanes e ingleses ya no eran enemigos, sino amigos que intercambiaron regalos tales como cigarrillos o whisky, y la trinchera, adoptando ese espíritu navideño, se convirtió en el campo de fútbol más humano e importante de la historia.

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La artillería también estableció un alto en fuego, lo que permitió a los soldados el recuperar algunos cadáveres y enterrarlos. Las historias cuentan que, desde las ciudades y pueblos cercanos, podían escuchar el salmo 23 en las dos lenguas de los bandos combatientes.

Estas treguas navideñas se repitieron en otras partes del mundo a pesar de los intentos  de varios comandantes de que no se volviesen a producir. Desgraciadamente este remanso de paz solo duro una noche, salvo por algunas áreas en las que la tregua se prolongó hasta incluso principios de febrero. Pero como nos cuenta Valle Inclán, la guerra es un ser monstruoso que siempre vuelve, y finalmente, la muerte fue el jugador más hábil dentro de las trincheras.

Toda esta historia tiene una especie de moraleja; en la tierra no hay un solo vencedor. Los alemanes ganaron el partido de fútbol de la tregua navideña por 3-2, pero sin embargo perdieron la guerra. El azar a veces se ríe de todo el que lo pone a prueba.